Enero17

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Aceptar las diferencias de los demás y uno mismo.

Juzgar nos separa del otro.
Juzgar constantemente a las personas que nos rodean obstaculiza nuestros vínculos, porque nos separa de ellas. Por el contrario, la actitud de asentir −decir sí− al otro tal como es, nos ayuda a relacionarnos sanamente. Los juicios anulan nuestra capacidad de percepción y, muchas veces, nuestra objetividad. Si decimos que alguien es soberbio, captamos los signos de soberbia que reafirman nuestro juicio, pero no percibimos todos sus signos de humildad, recortamos la realidad, no la integramos.

No nos critiquemos duramente y evitemos juzgarnos a nosotros mismos, cuando nos descubrimos juzgando a otros, porque no nos ayudará a modificar esta actitud.
Si, al advertir que estamos juzgando, nos detenemos ahí mismo, ¡ya hemos dado un gran paso!. El momento del “darse cuenta” constituye uno de los pilares fundamentales del cambio.
Si nos enjuiciamos por juzgar, fortalecemos este hábito. Aquí también debemos decir sí, asentir, luego, llegará solo el cambio deseado. Hay que darse tiempo.

APRENDER A CONVIVIR DESDE

LA DIFERENCIA: 
Todas las personas somos individuos diferentes en sexo, en capacidades, en ritmos vitales y de 
aprendizaje, en gustos y aficiones, en orígenes... ésta es la realidad diversa en la que vivimos.
Si somos capaces de ver esta diversidad en positivo, afrontaremos más fácilmente las dificultades  de encaje, que es normal que se den y será una fuente de enriquecimiento para todos. 
¿Cómo afrontamos la diversidad de las personas? ¿Tendemos a negarla o la integramos y la 
aceptamos como el hecho natural que es? 
Aprender a convivir es aprender a convivir entre personas diferentes. Las experiencias de 
convivencia con personas con discapacidades son oportunidades de conocer y descubrir el 
verdadero valor de las personas por encima de la discapacidad, y desarrollar actitudes positivas de relación interpersonal (con cualquier persona), como el servicio, el respeto, la solidaridad. Nos asusta lo que desconocemos. La amistad, el afecto y la solidaridad sólo pueden crecer con el conocimiento mutuo y la convivencia.