Enero17

domingo, 22 de diciembre de 2013

La navidad en la espiritualidad.

Durante siglos, la navidad ha mantenido su carácter espiritual y religioso las familias se reunían en sus casas o iglesias en torno a un pesebre a conmemorar el nacimiento de el niño Dios, para recibir con alegría el regalo de Dios Padre, su hijo, quien trajo amor, luz y reconciliación al mundo.
La navidad simboliza una fiesta de bendiciones para todos, es por ello que la Navidad es la gran fiesta del gozo perfecto.

Muchos resaltan el poder y beneficio psicológico y espiritual que brindan las tradiciones espirituales y culturales que se realizan durante la Navidad, estas costumbres son ceremonias sagradas plenas de significado que tienen  que tienen la invaluable función de conectarnos con nuestro ser interior, con nuestras raíces, con nuestras creencias, y con lo sagrado de la vida.
El hecho de recrear estas tradiciones de nuestro país de origen o nuestra religión, representa transportar a nuestro tiempo actual el espacio cultural conocido, hacer presente aquello en lo que no pudimos participar en el pasado, pero seguir reconociendo la importancia de estos acontecimientos en nuestras vidas.

En el mundo de ahora la Navidad tiene un sentido consumista, pero siempre es bueno recordar por que veneramos tanto esta fecha, más allá de los regalos, las compras y todo lo material. Y que hay sentimientos buenos que respetamos en esta fecha tales como el lazo a lo sagrado, la gratitud, por darnos cuenta que todo lo que tenemos es bueno y lo merecemos de alguna forma, que tenemos nuestra vida, familia y costumbres y tradiciones acentuadas y agradecer por ello.

 La generosidad es una consecuencia natural de la gratitud. El desafío, en este caso, es sentir que realmente estamos compartiendo algo con un valor más profundo. Comprometernos a sentirnos mejor, a entregar lo mejor de nosotros desde nuestro estado de ánimo, acordarnos de quienes no lo están pasando bien y realizar pequeños gestos de reconciliación con quienes hemos estado distanciados son hechos que, ciertamente, hacen una gran diferencia. 

 Tomar responsabilidad por nosotros mismos cobra especial sentido en estas fechas. Apreciar nuestra vida, celebrar por ello y cuidarnos a nosotros mismos, desde la organización de nuestros gastos personales a la realización de una celebración tranquila y sin riesgos ni excesos, son aspectos esenciales a considerar.


La Navidad, más allá de la celebración y de los regalos, es una gran oportunidad para conectarnos con nosotros mismos y reflexionar de forma sencilla en torno al verdadero espíritu que encierra esta fecha. Si pudiésemos integrar  estos tres aspectos y ponerlos en práctica, ésta sería, muy probablemente, una fecha mucho más especial y con un significado más amoroso y trascendente.